Con preocupación el Estado y la sociedad en general ven cómo, a pesar de la amplia y variada oferta de carreras técnicas, tecnológicas y universitarias, el problema del abandono parcial o definitivo de los estudios por parte de nuestros estudiantes colombianos crece cada día más, alcanzó un promedio como el que cedió entre 1999 y 2004 de 52%.
Los estudios adelantados al respecto se han centrado en dos enfoques principales: de una parte, en identificar los factores que inciden en esta situación, encontrando cinco aspectos relevantes como causa, primero: el historial académico de los estudiantes, su situación laboral, la situación socioeconómica, la atención institucional y los aspectos ligados a la docencia entre otros, que varían en orden de importancia dependiendo del tipo de institución, carácter de la misma, jornada, lugar de ubicación, etc.
De otro lado, la preocupación por atacar el problema ha hecho que se hagan estudios y proyectos que busquen fortalecer la retención, campo en el cual hay experiencias significativas en Colombia y en América Latina (se han hecho encuentros nacionales e internacionales 2004, por ejemplo) liderados por el Ministerio de Educación Nacional, que incluso han premiado las mejores iniciativas al respecto.
Sin desconocer el valor que tienen estas iniciativas y el peso de los estudios realizados, me parece que la realidad no se ha afrontado en su verdadera dimensión: realizar una verdadera articulación de toda la educación colombiana desde la formación primaria, secundaria y terciaria o superior. En primer lugar, porque el fenómeno de la deserción afecta todos los niveles, aunque se haga más evidente en el nivel superior. En segundo lugar, porque incide directamente en los índices de productividad, competitividad y desarrollo que necesita el país. Y en último lugar, porque a pesar de las políticas estatales, no es mucho lo que se ha logrado para frenar el problema.
Dicha articulación debe partir de una verdadera voluntad de los actores del sector público y privado para reorientar el trabajo y formar a los estudiantes de manera puntual desde las competencias matemáticas, lingüísticas y comunicativas, segunda lengua, más los desarrollos tecnológicos relacionados con el mundo globalizado, sino también teniendo en cuenta la realidad colombiana, no tangencialmente sino con una aproximación directa que permita que cada individuo logre superar las inequidades locales, regionales y nacionales.
De otra parte, la articulación mencionada debe superar los conceptos clásicos de la educación superior de carreras universitarias tradicionales para volcar la mirada sobre las nuevas alternativas técnicas y tecnológicas (igual de profesionales que las denominadas universitarias) que pueden dar una nueva dimensión a la formación terciaria. Esto se lograría integrando las estrategias de retención a la cualificación de la docencia, desarrollando un sistema educativo unificado, redimensionando las estructuras curriculares y académicas actuales, ampliando la oferta en las regiones a partir de sus propias necesidades, estimulando la formación virtual y a distancia, en todos los niveles de la educación nacional.
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